jueves, 3 de octubre de 2013

MARCHA DE LOS BORRACHOS

Divagando entre las entrepiernas abiertas de prostitutas, en un dialogo al sexo olvidado de timidez, sedando trago a trago la realidad acunada entre dientes como el secreto reventando al borde de los labios esquivos a un beso que devuelva la ternura de los 14. Cerveza debatiendo a duelo con la conciencia mientras el viento entona el ritmo de los movimientos entre cortados tropezándose atarantadamente en la espuma desbordante de un sucio vaso, ¡¡la marcha de los borrachos!!. Vaso de cerveza contrarrestado en los pulmones de una vieja y triste canción dejando los pulmones de los abuelos de la nada a rienda suelta parpadeando sobre las nucas de todos estos señores embriagados mas que de alcohol, embriagados hasta las tripas vacías de soledad y una aridez embalsamando el eco de sus lagrimas que colgaron una vez al borde de sus pupilas dilatadas. Noche de recuerdo, de olvido de olvido, de recordar el recuerdo vagabundo entre copas.

JARDÍN BOTANICO

Allá afuera la neblina y las bajas temperaturas trataban de entrar a nuestro jardín botánico, a la vez que nuestras piernas jugaban a enredarse entre sabanas enredadas. Me perdía de madrugada sobre el contorno de tu cuerpo tatuado. Tropezaba en tu lánguida lengua mientras sumergía mi boca en tu respiro. Apenas me hundía por tu cuello soltabas unas risitas comprimidas, que me desprendían hasta tus blancos pechos, como queriendo devorar el rosado de tus pezones, corrompiendo tu cuerpo a una descarga de minúsculos espasmos, que tensaban tus músculos de placer. Me descolgué, y como una loca araña, besaba tus hombros, tus provocativos quejidos direccionaban mis manos a dibujar el camino hasta tu húmeda entre pierna. Jadeando sobre tu nuca sujetaba tu cabello y tu palpitar estallaba bajo tus pechos que se agitaban bruscamente cuando nuestro respirar entrecortado era el eco de los mil tambores propagando el calor de mi erecto falo para que mas que nuestros cuerpos comulgasen el uno del otro y ahí bajo mi cuerpo veía cerrar tus ojos y tu gemidos aullaban mientras eras mía sujetando tus brazos al almohadón. yo adentro tuyo conjuraba en tu oído una caricia recitada. eras tú, era yo, tras nuestras miradas habían siglos de conocimiento mutuo, mi alma sabía de tu existencia antes que mi cuerpo.